Carmen . Foto. <Giulio Cirri>

Carmen . Foto. <Giulio Cirri>

Carmen Ángulo vive en La Playita. Es madre de dos hijos y como muchas mujeres que habitan en el espacio humanitario, es madre soltera. Carmen cuenta que en su época no existía gratuidad en la educación lo cual impedía que ella y sus hermanas pudieran estudiar. Su madre, desesperada por la situación en que vivían se escondía a llorar para evitar que sus hijos tuvieran que enfrentarse con la dura realidad de no tener suficiente dinero para tener una vida digna. Carmen cuenta que la situación era tan precaria que un día su casa se derrumbó y que lograron salvarse por un milagro ya que habían tenido que salir dos días antes de la caída. Sus hermanas y ella se vieron obligadas a empezar a trabajar para ayudar en casa, todas como empleadas internas en casas de familia en Cali y Buenaventura. 

La falta de oportunidades de tener una vida mejor, llevó a que ellas y sus hermanas empezaran a coger cosas de la calle, como dice Carmen, empezaron a tener noviecitos, y con el tiempo, cada una fue saliendo con un muñequito, relata Carmen. Su madre murió hace tres meses, era quien la ayudaba a cuidar a sus hijos por lo que decidió renuncia a su trabajo para poder estar con ellos. Hoy vive de la ayuda de los vecinos quienes le dan pescad para arreglar y vender, y se rebusca el dinero haciéndole favores a otros vecinos. Ella es hoy una de las líderes del espacio, junto con otras 25 mujeres que se encarga de realizar actividades de distinta índole, entre ellas, limpiar las calles durante la semana, ya que como afirma Carmen, esa es su casa. 

Sobre La Playita, cuenta que se formó como una iniciativa de la comunidad. Estaban cansados de tener que irse a sus casas a las 6 de la tarde, de que sus hijos no pudieran jugar libremente en las calles sin correr el riesgo de quedar atrapados en medio de enfrentamientos en medio de grupos, y de que los hombres, pescadores en su mayoría, no pudieran arreglar sus trasmallos libremente en las calles. Así, el 13 de abril de 2014 se creó el espacio humanitario con el propósito de no tener la guerra caminando entre las calles, querían un mejor futuro para sus hijos, querían que los niños volvieran a jugar, y no con armas, querían volver a sentarse en la calle a disfrutar del atardecer, y de hacer cosas de la cotidianidad sin sentir miedo a ser asesinados, abusadas o desaparecidos. Hoy viven en medio de dos barrios tomados por la violencia, pero cuenta con orgullo que fue la misma comunidad la que se encargó de sacar a los grupos armados que antes corrían entre las tablas de madera en las noches, y que usaban sus casas para desmiembrar personas.

 

Marta Montaño Foto. Giulio Cirri

Marta Montaño Foto. Giulio Cirri

Marta Montaño vive hace 26 años en la Playita.  Antes, la calle estaba dividida por un puente artesanal,  formado por palos y tablas. Hoy en día, su comunidad  ha trasformado estos puentes de palos y tablas, en una calle rellenada de basura. Marta cuenta que en épocas de fuerte violencia, cuando había enfrentamientos entre las bandas criminales, ella, su familia y los demás vecinos, debían esconderse debajo de las camas, "era un caos".  Cansados  de vivir con miedo y gracias al trabajo de todos  decidieron sacar la violencia, por lo menos de su calle, en una búsqueda incansable para encontrar ayuda por parte de  entidades internacionales y nacionales, lograron ser escuchados por la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz que les ayudó a conformar el espacio humanitario asegurado por policías y militares a la entrada de la calle.

Marta, hace parte de las 25 mujeres que conforman el grupo Amor y Paz. Una de sus actividades es hacer de la calle la más bonita de la ciudad, ella y sus demás compañeras con escobas, cepillos, recogedores y chuspas, se encargan de embellecerla. Ella tiene un   gran sentido de pertenencia por su comunidad y por el espacio  que habita, espera y sueña que el grupo de mujeres se fortalezca cada día, porque es consciente de que el lugar donde vive hoy, es un importante escenario de paz y un ejemplo de aliento para seguir adelante

Mc y Danny. Foto. Giulio Cirri

Mc y Danny. Foto. Giulio Cirri

 

 

 

Ellos son Mc Yei y ayer Mc, residentes de la ciudad de buenaventura del barrio 12 de abril y del barrio Cascajal. Empezaron a rapear en el año 2.012 como una respuesta a la visión machista que la mñusica urbana le daba a la mujer. Con el tiempo descubrieron que a través de la música tenían el poder de expresar y contar todo lo que sucedía en su entorno y empezaron a tratar temáticas sociales, temas concernientes al género, la política, y la difícil situación que ha vivido buenaventura en los últimos años.

Su grupo, Primera Estación, ha participado en distintos eventos en la ciudad, entre ellos, el Encuentro Nacional para la Paz, el foro de candidatos para la alcaldía organizado por la personería, y un encuentro de raperos del puerto, que a pesar de ser un evento pequeño a nivel nacional, es una importante plataforma en la movida cultural de la ciudad para exponer a los artistas de este género. 

Según Mc Yei, el rap brinda la oportunidad de manifestarse libremente sobre temas en los que están o no de acuerdo, brinda la oportunidad de resistir la violencia de una forma pacífica y, según manifiesta mC yen, sus canciones buscan brindar una solución desde el rap como plataforma de expresión, como una forma de aportar ideas al cambio, y no solo al cambio del sistema, sino al cambio del ser humano como promotor de paz. 

Su álbum "Sin Ánimo de Lucro" tiene 6 tracks que tocan temáticas varias, soy lo que soy y soy de mi urbe, hablan sobre la identidad bonaverense y las realidades que allí se viven. Love song habla de la importancia de no perder la capacidad de amar ni el temor de hacerlo, intenciones habla sobre los sentimientos que nacen en el corazón y que luego se exteriorizan. Con este álbum esperan llegar a la mayor cantidad de personas posibles, sueñan con que el rap sea escuchado por "cualquier señora de 90 años, por papás, y que ninguno de ellos diga quite esa música. Quieren acabar con el estigma de que el rap es una música de "delincuentes haciendo bulla". 

Acá su último álbum

 

 

 

Isabel hace parte de la familia Castillo, de la cual son miembros varios de los líderes más importantes de Buenaventura y del Espacio Humanitario de La Playita. Ella no ha sido la excepción, por lo cual ha conformado un importante comité de mujeres que trabaja con la comunidad. 

Ella conoce la fuerza y el papel fundamental que las mujeres desempeñan en una comunidad. Ella sabe, que son las mujeres quienes siempre han tenido que resistir más tipos de violencia, que no se reducen sólo al conflicto armado. Es una mujer que nunca deja de sonreír y que se caracteriza por su amabilidad y, ante todo, su entereza, lo que la convierte en un gran ejemplo a seguir. 

 

 

 

 

 

 

Marling Eliana Ángulo Garcés pertenece al grupo de mujeres Paz y Amor, que surge en noviembre de 2.015 con el objetivo de mantener limpias las calles. Sin embargo, y gracias a su dedicación y entereza, este grupo de mujeres ahora ve más allá de las calles como espacio público, y las asimilan como uno de los escenarios en los que debe reflejarse la paz; por ellos, ahora trabajan de la mano de niños, jóvenes y adultos mayores. Ella sueña con capacitarse para hacer crecer los proyectos comunitarios en los cuales ya trabaja, y para crear nuevos proyectos que promueven la paz en la comunidad. Hoy quiere que los niños cambien sus juguetes (representaciones de pistolas y machetes) por balones, para que retomen los juegos tradicionales como "ponchados", "suave y sierra" o "cinco hoyitos". Ella reconoce la importancia de que los niños puedan jugar, y sabe que ahora, por culpa de la violencia, tienen un espacio limitado para hacerlo (Espacio Humanitario), obligándolo a esperar a que la marea suba, o que llueva, para encontrar, temporalmente, una piscina natural en la que puedan nadar. Esta joven emprendedora sueña con la paz.