LA PLAYITA: UN MAR DE ESPERANZA

Cuando uno camina por las calles enpolvadas de La Playita en Buenaventura se da cuenta que la felicidad vive en el corazón de los seres humanos, incluso en el de pueblos que han sufrido la consecuencia de distintas acciones e intereses políticos y económicos que han intentado destruir su historia pero que aún no lo han conseguido. Qué interesantes somos, ¿no? Siempre sacamos fuerza de donde no tenemos para resistir las adversidades de la vida, creamos resistencia a partir del amor que sentimos por nuestra familia, nuestros vecinos, nuestro pueblo o raza, ese amor nos mueve en situaciones límite como las que vivieron estas personas de Buenaventura y como las que siguen viviendo otras tantas en nuestro territorio colombiano.

Cada paso que doy en esas calles llenas de sudor y lágrimas me describe una historia, la de los partidos en medio de la calle donde decenas de niños danzan al ritmo de una pelota, la de cientos de personas que le han ganado la tierra al mar, que le han ganado la batalla a la guerra, que le han puesto alma y corazón a la supervivencia de su pueblo. 

Las casas de palafito que resisten la marea, las trenzas de las niñas que se entrelazan con el esfuerzo de quienes las hacen, los clavados de los niños en el mar que reflejan esa maestría que solo se alcanza con la práctica, las tablas movedizas de los caminos del barrio que te sacan un grito de vez en cuando, hogares con puertas tan abiertas como los corazones de los que las habitan, las sonrisas que te reciben, que te invitan a sentarte y a escuchar una historia. Esto es La Playita, realismo mágico puro. Un pueblo, una oportunidad para cambiar la realidad, personas que necesitan ser escuchadas para que no se repita la historia, gente que necesita los recursos básicos que usted y yo encontramos en nuestras casas sin ni siquiera pensar al respecto, una comunidad que así como tantas otras afrodescendientes e indígenas se ha mantenido presente en un mundo que cada vez las tiene más olvidadas, un mundo que las ha aislado por ser lo que son, una fuente inagotable de lucha, de talento y pasión, personas con una verdadera conexión con la naturaleza, con sus ríos y mares y también con sus ancestros, con su pasado y sus tradiciones.

Es fácil no ver lo esencial en un presente bombardeado por tanta información, es fácil no recordar al haber tanto que memorizar, sin embargo no podemos olvidar la historia de nuestros hermanos para así no olvidar la nuestra.

Ayúdanos a apoyar la simpleza de la vida, la esperanza por el futuro, la memoria de los que no recuerdan y la lucha de los que siempre resisten.
               

                      Construye con nosotros este Sueño Pacífico.

Por: Jair Lucena