EL FUTURO ESTÁ EN NUESTRAS MANOS

El Pacífico colombiano ha sido testigo durante siglos del paso de diferentes generaciones de afrodescendientes que han centrado sus esfuerzos y sueños en crear una identidad cultural y étnica propia. El amor por su territorio se ha transmitido de padres a hijos, a quienes han enseñado la importancia de valorar su espacio como el lugar que les da el sustento de vida. Los afrocolombianos que habitan los departamentos del Pacífico del país no conocen otra forma de vida que aquella que está ligada a la explotación de su territorio, sus ríos, su selva y su mar. Allí es donde orgullosamente han construido sueños y proyectos que formaron las características socioculturales que los identifica como comunidad.

Sin embargo, son ellos los que peor se han visto afectados en el conflicto armado nacional. Su región amada, el pacífico, es un centro geoestratégico para el desarrollo del narcotráfico que hace posible la financiación de los grupos armados ilegales. Los combates militares, los asesinatos, la intimidación, las amenazas y los diferentes incidentes generados por las actividades ilegales, han sido los factores fundamentales para que los pueblos nativos que ocupan la región del Pacífico se vean obligados a desplazarse individualmente o en grupos. 

En este marco de guerra, la legislación colombiana ha sido incapaz de proteger los derechos constitucionales de los pobladores. Es ahí donde tenemos que actuar como sociedad civil, ya que en un país que cada día amanece con noticias escalofriantes de asesinatos y masacres por parte de los grupos armados, nuestro deber es ser constructores de paz. Medio siglo de guerra nos hace escépticos ante las posibilidades de una salida a tanta crueldad, pero el país necesita la paz y la reconciliación para poder evolucionar.

La paz es un gran desafío, más aún cuando tiene que construirse construye en las regiones, que por tantos años han estado marginadas del gobierno central. Esto sería algo más que justo para las comunidades étnicas del pacífico, ya que su identidad cultural se encuentra en peligro. Los afrocolombianos necesitan de su tierra y la tierra los necesita a ellos.

“En las curvas y en las aguas del Pacífico viajan las memorias de los ancestros, los conocimientos, los cuentos y tradiciones que han hecho de éste un territorio único en el que las y los afrodescendientes encontraron descanso y defendieron su derecho a ser libres…” (U. de Antioquia, Memorias y Conocimientos Tradicionales del Territorio Colectivo Afrodescendiente de El Valle, Chocó, Colombia, 2011, P.6). 

LA PLAYITA: UN MAR DE ESPERANZA

Cuando uno camina por las calles enpolvadas de La Playita en Buenaventura se da cuenta que la felicidad vive en el corazón de los seres humanos, incluso en el de pueblos que han sufrido la consecuencia de distintas acciones e intereses políticos y económicos que han intentado destruir su historia pero que aún no lo han conseguido. Qué interesantes somos, ¿no? Siempre sacamos fuerza de donde no tenemos para resistir las adversidades de la vida, creamos resistencia a partir del amor que sentimos por nuestra familia, nuestros vecinos, nuestro pueblo o raza, ese amor nos mueve en situaciones límite como las que vivieron estas personas de Buenaventura y como las que siguen viviendo otras tantas en nuestro territorio colombiano.

Cada paso que doy en esas calles llenas de sudor y lágrimas me describe una historia, la de los partidos en medio de la calle donde decenas de niños danzan al ritmo de una pelota, la de cientos de personas que le han ganado la tierra al mar, que le han ganado la batalla a la guerra, que le han puesto alma y corazón a la supervivencia de su pueblo. 

Las casas de palafito que resisten la marea, las trenzas de las niñas que se entrelazan con el esfuerzo de quienes las hacen, los clavados de los niños en el mar que reflejan esa maestría que solo se alcanza con la práctica, las tablas movedizas de los caminos del barrio que te sacan un grito de vez en cuando, hogares con puertas tan abiertas como los corazones de los que las habitan, las sonrisas que te reciben, que te invitan a sentarte y a escuchar una historia. Esto es La Playita, realismo mágico puro. Un pueblo, una oportunidad para cambiar la realidad, personas que necesitan ser escuchadas para que no se repita la historia, gente que necesita los recursos básicos que usted y yo encontramos en nuestras casas sin ni siquiera pensar al respecto, una comunidad que así como tantas otras afrodescendientes e indígenas se ha mantenido presente en un mundo que cada vez las tiene más olvidadas, un mundo que las ha aislado por ser lo que son, una fuente inagotable de lucha, de talento y pasión, personas con una verdadera conexión con la naturaleza, con sus ríos y mares y también con sus ancestros, con su pasado y sus tradiciones.

Es fácil no ver lo esencial en un presente bombardeado por tanta información, es fácil no recordar al haber tanto que memorizar, sin embargo no podemos olvidar la historia de nuestros hermanos para así no olvidar la nuestra.

Ayúdanos a apoyar la simpleza de la vida, la esperanza por el futuro, la memoria de los que no recuerdan y la lucha de los que siempre resisten.
               

                      Construye con nosotros este Sueño Pacífico.

Por: Jair Lucena

 

 

 

ARTE: HERRAMIENTA DE CAMBIO

La visita del colectivo Boamistura realizada en el mes de septiembre a la ciudad de Bogotá con el fin de intervenir un espacio de casi 5.000 metros cuadrados ubicado en frente de un proyecto de víctimas que tiene 457 hogares llamado La Hoja, brinda la oportunidad de abordar en este artículo esa conexión que pareciera tan frágil y sutil, pero extremadamente poderosa,  entre arte, política y sociedad. Este proyecto de viviendas ubicado en la cra. 30 al frente del centro comercial Calima fue intervenido por el colectivo durante una semana en el mes de septiembre en un trabajo que  se enmarca en el programa del gobierno actual de mejoramiento de barrios e intervenciones en espacios públicos, y que contó con la participación de habitantes del proyecto, desde adultos hasta niños (algunos de ellos aún desescolarizados), que encontraron en este espacio la oportunidad de salir de sus rutinas, y al mismo tiempo de ponerle color a un proyecto que para muchos resulta muy gris para ser un proyecto de viviendas, especialmente si se tiene en cuenta que la mayoría de familias que habitan allí provienen de entornos rurales de todo el país.

Boamistura “empezó de forma fortuita” como lo señala Javier uno de los fundadores de este colectivo artístico, cuenta que ellos vivían en un barrio de la periferia de Madrid (barrio de Alameda de Osuna) donde estaban sitiados, no tenían transporte para llegar a la ciudad y permanecían por este motivo casi siempre en el espacio, generando procesos creativos asociados al espacio que habitaban. Javier manifiesta que es interesante ver como este barrio ha sido el lugar de origen de varias generaciones creativas de las cuales han salidos famosos malabaristas (uno de ellos invitado por Maradona a un programa de televisión por hacer malabares con 5 balones de fútbol al mismo tiempo), hasta grupos de rock que iniciaron su trayectoria en este barrio. Él dice riendo que fue quizás el sonido de los aviones que pasaban todos los días, lo que los dejó tocados.

Este colectivo de artistas callejeros empezó inicialmente con 4 amigos, dos de ellos se conocieron cuando tenían 4 años y los demás se encontrarían por gustos afines, 10 años después. La primera vez que intervinieron en un país extranjero fue en Alemania en el año 2009 donde a propósito del aniversario 20 de la caída del muro de Berlín realizaron un mural conmovedor en la culata de un hotel en el cual dos amantes desnudos se abrazan furtivamente, ella con un tatuaje de la imagen de la Alemania del este y él con un tatuaje de la Alemania de oeste, que representan el encuentro de dos personas, dos países y dos Europas separadas por un muro;  esta intervención sería la puerta para que Boamistura iniciara su viaje por el mundo. Su siguiente destino fue en Sudáfrica donde descubrieron que el arte podía ser una herramienta de cambio y una chispa de inspiración. Javier relata: “fuimos allí pensando que éramos los reyes de rock and roll, un director de cine se fue con nosotros a grabar ese mes… hay un plano que salimos bajando del avión, las típicas escaleras estas que bajaba Kennedy y salimos con las chaquetas de cuero… estábamos en Cape Town (ríe), y de pronto nos vemos viviendo en una comunidad muy jodida con una problemática terrible de bandas, drogas y prostitución, un entorno en el que nunca habíamos estado”.

Su encuentro con la comunidad, especialmente con uno de sus habitantes podría decirse que sería determinante para este colectivo y se convertiría en una característica principal y que los hace especiales en su medio, volvieron su arte un arte participativo, democrático, y lo convirtieron en una herramienta para generar nuevas dinámicas sociales a partir de la pintura en las comunidades a las que llegan.

Foto. Página de Boamistura

Foto. Página de Boamistura

La persona que marcaría la vida de los Boa les dijo: “si plantas un árbol ya estás haciendo un cambio, si vosotros vas a dejar una obra ya estáis haciendo un cambio, y pequeños cambios pueden dar lugar a grandes cambios, pequeñas acciones pueden dar lugar a grandes cambios, y esos niños con los que estáis jugando hoy quién sabe si en un futuro serán él Mándela que dirigirá esta nación. No sabemos qué es lo que los hará inspirarse”, esta frase dio inicio a una característica del arte de Boa Mistura el cual suele tener frases o palabras con un poder enorme sobre las comunidades, y palabras que se enmarcan en contextos específicos de los territorios en los que intervienen. En Sudáfrica, dejarían en el barrio mensajes que quisieron lanzarles a los habitantes de este barrio: “Discover the diamond inside you”, “fight for your dreams”, “we all share roots”, “one heart, one love”. Después de Sudáfrica este colectivo viajaría por el mundo, interviniendo una favela en Brasil, uno de los barrios más peligrosos de Panamá (el Chorrillo), e incluso, llegarían a la isla cubana a trabajar en un entorno complejo y tenso donde dejarían grabado en25 lugares del barrio un verso del poema “no sé” de Samuel Feijoo que expresa las raíces del pueblo cubano como lo señalan ellos.   

 

ARTE, POLÍTICA Y SOCIEDAD

La intervención en la plaza de la Hoja realizada por Boamistura sirve como referente para adentrarse en este tema dadas las implicaciones políticas y sociales que tuvo la intervención artística en un proyecto de vivienda con características especiales, debido a que allí habitan familias víctimas del conflicto armado interno, todas desplazadas de su lugar de origen.

Boamistura señala que“los artistas deben traducir el momento en el que viven, su obra debería responder a ellos…  si vinculas los murales al lugar al que está es mucho más importante la obra”, y en este sentido explica que para el caso de la Hoja el diseño surgió de conversaciones con la comunidad a partir de reflexiones que surgían en los diálogos y a partir de esto se entró en un proceso de creación que daría como resultado una Hoja “porque esta es la plaza de la hoja y porque hay que reforzar identidad de algún modo, que los vecinos se sientan orgullosos de vivir en la plaza. Nombrar las cosas hace que existan y que empiecen a formar parte del imaginario colectivo. La hoja está formada por más hojitas de diferentes ecosistemas, porque cada uno de los habitantes  viene de lugares distintos y de alguna manera casitodos de un entorno rural, la idea era traerles ese entorno rural, y luego además esas hojas se sujetan agarrando la palabra vida porque eso es lo nuevo que deben emprender y que se deben esforzar por hacer”.

Intervención Plaza de La Hoja, 2015. Programa de Mejoramiento Integral de Barrio - SDHT (Secretaría Distrial del Hábitat)

Intervención Plaza de La Hoja, 2015. Programa de Mejoramiento Integral de Barrio - SDHT (Secretaría Distrial del Hábitat)

Sobre la relación entre arte, sociedad y política Boamistura dice que no sabe responder si el arte es político, pero afirma que sí es social, o por lo menos el que ellos realizan; sin embargo, tienen claro que cuando se trata de sus intervenciones hay una división clara entre lo artístico y lo social, y que si bien sus obras son participativas Boamistura es el responsable de que haya un resultado final estético interesante para todos, pero reconocen que el arte en general “puede ser muy incluyente y  puede generar vínculos y lazos que son invisibles pero que están ahí”. Sobre su arte específicamente, el de la pintura, afirman que “esta es democrática, nos hace iguales a todos y crea un proceso participativo que no requiere de formación para poder pintar, que no requiere un status social y que produce encuentros de personas que posiblemente nunca hubieran coincidido en el espacio y en el tiempo, y de repente coinciden haciendo lo mismo y eso empieza a generar vínculos que permanecen en el tiempo”.

La intervención en La Hoja generó procesos políticos que así no hayan sido buscados se derivan de una intervención que tenía un fin no solo artístico, sino también social. Las dinámicas que se produjeron de diálogo entre vecinos que aún no se conocían, jóvenes interactuando con niños con los que difícilmente tenían contacto antes de la intervención, y la apropiación del territorio que habitan estas personas, demuestran que el arte si puede ser político y además de eso social. Estas familias habitan en Bogotá hace aproximadamente 10 años, sin embargo, ha sido traumática para algunas de ellas según lo expresan sus habitantes, cambiar de entorno, llegar a un nuevo lugar y reconstruir sus vidas nuevamente, en un nuevo espacio que aún sienten ajeno.        

Sobre la situación actual de Colombia, Javier Serrano se refiere al papel que puede desempeñar el arte en los procesos de creación de memoria (del pasado o del futuro) indicando que “hay dos maneras de descifrar ese contexto, y una es una manera en la que se muestra lo que puede ser el presente y el pasado (y es donde se incluye el trabajo de Boamistura), donde por contraste se muestran las cosas; y otra, criticando el momento, evidenciando lo que pasa”. Agrega que hay que aprender del pasado para construir un futuro, no para darnos cabezazos en un muro” pero que ambas posiciones son válidas y dependen de la forma en que el artista quiera abordar este tema.

English versión: http://thebogotapost.com/2015/11/16/urban-art-intervention/

Por: Juliana Hernández Delatorre